Mostrando entradas con la etiqueta inspiración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inspiración. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de diciembre de 2011

♥Si se pudiera volver al pasado...

~Recuerdo tu mirada, pero no el color de tus ojos. Recuerdo que eran claros, y que eran muy hermosos. No sabes que en ese momento, me diste todo el amor que no habías podido darme antes.
Y recuerdo que se humedecían, sonreías, feliz, satisfecha, y triste. Me sostenías las manos y no me dejabas ir. Si hubiera sabido que ese momento a tu lado, era uno de los últimos, tampoco te hubiera soltado.
Y me duele no recordar ese color...Para mí eran azules, quizás grises, pero otros me dicen que eran verdes.
Como me hubiera gustado haber aprovechado más los instantes, haberte escuchado más, conocido mejor, haber pasado más momentos junto a ti. Sinceramente, les tengo envidia a quienes lo hicieron.
Y cuando la última vez que te vi, llorabas porque no querías que nos marchásemos, yo te gritaba desde el coche: ¡Tranquila! ¡Volveremos!
Si hubiera sabido que esa era la última vez, también hubiera llorado contigo. No te hubiera dejado tan fácilmente, porque te prometo, que yo pensaba regresar. Pensé que te quedarías, aunque una voz me hacía dudar de ello, yo no quise escucharla.
Ahora, de nada sirven las lágrimas, no van a cambiar nada, pero a veces brotan, nacen en el corazón, y se deslizan por tus mejillas, antes de que te des cuenta.
Siento como un remordimiento, y si tuviera una máquina del tiempo, no dudaría en usarla. Quiero asegurarme de haberte dejado claro que te quiero. Quiero volver a estar a tu lado. Me hubiera gustado despedirme mejor.
Aún así, tengo tu voz viva en mi mente, al igual que tu recuerdo. Nada hará que desaparezca. Y si quiero volver a sentirte, me consuela regresar con los pensamientos, a ese momento tan especial, aquel que ya te he mencionado, cuando me agarrabas de las manos, y nos sosteníamos la mirada. Es verdad que la memoria puede ser mejor que cualquier cámara de fotos, y saca fotografías que incluyen sentimientos. Hay tanto que te pueden transmitir...
No sé exactamente donde estás, si para buscarte he de mirar al cielo o simplemente a mi alrededor, pero sé que probablemente ahora estés más feliz, descansas y no harán falta aviones para que estés con cualquier persona con la que quieras estar, ni que tomes pastillas a cada hora, y que te hayas reunido con gente a la que echabas de menos, pero si no es mucho pedir, ¿podrías visitarme en un sueño? Solo un momento, sé que es egoísta, pero me basta con una sonrisa tuya, con que me digas: ¡Hola pequeñina!, y me vuelvas a mirar. Solo una vez más. Luego seguiré conformándome con tu recuerdo, pero es que poder verte de nuevo, es más que un simple consuelo, es un auténtico regalo. Déjame pedirte perdón, y espero que creas en mi amor.
Te Quiero.



















~Uno no se da cuenta de lo que tiene, hasta que lo pierde. Entonces se arrepiente, desea cambiar las cosas y retroceder en el tiempo, pero al ver que no se puede, no para de repetirse lo tonto que fue, y lo mucho que desearía no haberlo sido.

viernes, 2 de diciembre de 2011

~Again.

Acostarse deseando que esa noche no ocurriera de nuevo y levantarse aliviados cuando no ocurría. Eso era si había suerte. A veces la suerte duraba meses, semanas, pero otras solo unos días. Y a veces no ocurría solo de noche, podía ocurrir en cualquier momento y ellos tenían miedo de que alguno de esos momentos, se convirtiera en una auténtica desgracia.
Aquella noche se habían acostado estando solos en casa. A mitad del sueño, gritos y golpes que se hacían cada vez más altos, los despertaron. Estaba volviendo a ocurrir. Sus padres habían llegado, no demasiado contentos, más bien, discutiendo. Y los niños se quedaron tiesos, casi no respiraban, atentos a lo que ocurría en el salón de su casa.
Los gritos se intensificaban y las palabras se convertían en insultos.
Los ojos de los niños empezaban a empaparse y el miedo era la única sensación que corría por sus venas mientras que BASTA, era la única palabra que se pasaba por sus cabezas.
Se escuchaban golpes, el arrastrar de los muebles y algo romperse.
Los insultos se convertían en amenazas. Los niños rezaban para que no se convirtieran en realidad.
-¡Cállate! ¡Como no te calles te parto la cara! ¿Entiendes?-gritaba el padre, con una voz totalmente aterradora.
Ellos sabían que eso era más que una forma de hablar. De hecho, ya habían visto como había agarrado a su madre fuerte, como la había empujado y hecho caer, como le agarraba del pelo y la sacudía, como ella tenía que maquillarse los ojos morados para poder salir a la calle debido a los golpes, como la nariz le sangraba, como le lanzaba patadas y bofetones. Partirle la cara, no era tan imposible. También sabían que tenía dos costillas rotas, y aunque ella afirmaba no acordarse de como se las había roto, ellos sospechaban la respuesta.
-¡Basta! ¡Déjame en paz!-gritaba la madre, suplicando, con la voz llena de temor.-¡No me toques!
Y chillaba, y los niños cerraban los ojos con fuerza, sufriendo por ella.
Y tenían miedo por todo lo que su padre había hecho y que podría hacer de nuevo, llegando más allá. Había agarrado cuchillos y la había amenazado con ellos. Había agarrado una sartén con aceite hirviendo para tirárselo encima. Le había tapado la boca tan fuerte que no la dejaba respirar. Menos mal que retiraba la mano, dejando que sus pulmones se llenasen de aire.
Pero no solo tenían miedo por su madre, sino también por su padre. Si realmente se hartaba ella, ¿sería capaz de acabar con él? Y es que todo podía pasar, en esos momentos, no se deseaban nada de bonito.
Los niños querían demasiado a ambos, y no querían que les pasara nada de malo a ninguno.
Y aquella noche, los niños temblaban de miedo. No de frío, ni de nervios...De miedo, y no podían parar.
No sabían qué hacer: gritar que por favor parasen, dirigirse corriendo al lugar para ayudar, pero sencillamente se quedaban en la cama, paralizados de terror.
Lo peor de todo en realidad, no eran los gritos o los golpes, sino los silencios. ¡Díos, los silencios! Tan angustiosos. ¿Qué escondería uno de esos silencios que siempre aparecían después de un grito? ¿O de un golpe? Y es que era entonces cuando realmente deseaban que no hubiera pasado nada. Se imaginaban tantas cosas. ¿Y si le había pegado tan fuerte que se había desmayado? ¿O peor? En esos momentos de silencio, en los que la tensión se podía cortar con un cuchillo, sí se levantaban sigilosamente de sus camas, para echar una ojeada al salón, y asegurarse de que ambos progenitores seguían respirando.
Caminaban por el pasillo con la máxima cautela, con las lagrimas en los ojos y el corazón en la garganta. Cuando de repente, los ruidos volvían a empezar y ellos salían corriendo a sus habitaciones de nuevo. Se tumbaban y esperaban a oír ambas voces de sus padres. Hasta que no las oían, la tensión era aún más alta.
Había tantos casos de violencia de género, tantas muertes al año y había momentos en los que realmente se imaginaban a sí mismos, como portada de alguna noticia: La Violencia de género se lleva a su víctima nº 100...O quien sabe qué número, pero temían.
Y así pasaban la noche, llorando, temblando, tapándose los oídos con desesperación. Deseando que esa noche no se convirtiera en la última para alguno de sus padres, porque realmente, este era el temor más grande.
Afortunadamente, todo acababa. Normalmente, cuando él se cansaba y se encerraba en la habitación, para dormir. A pesar de que antes de hacerlo definitivamente, salía unas cuantas veces enfadado, y se dirigía hecho una furia hacia su esposa, al final, había una vez en la que no volvía a salir, y se quedaba dormido. Así, se hacía el silencio, pero esta vez, no les producía miedo, sino alivio, porque todo había terminado. Poco a poco el ambiente se iba normalizando, al igual que el latido de los corazones de los niños. Los temblores se desvanecían poco a poco y las lagrimas se secaban sobre sus mejillas.
Aunque les costase, el sueño y el cansancio los vencía, y podían volver a dormir.
A la mañana siguiente, les costaba abrir los ojos ya que las lagrimas habían pegado sus pestañas, pero cuando lo consiguieron y se dirigieron al salón, observaron que el suelo estaba lleno de pedazos de algún plato, unas cuantas sillas volcadas, los muebles desordenados, miles de cosas por los suelos, y su madre, durmiendo en el sofá, con un nuevo moratón en el brazo.
Esa era la escena, que dejaba la noche, que tantas veces se había repetido, y que seguramente, otras tantas se repetiría. A pesar de todo, no podían evitar sentir una sensación de agradecimiento y de sosiego, pues sus padres seguían vivos. Los dos. Y así, poco a poco, recogían los restos que había en el suelo. Colocaban los muebles. Tapaban los signos del ayer, para que el hoy transcurriera con normalidad, y esperando, que el mañana también lo hiciese. Deseando, que esa noche sería la última vez.























~Ahora sé que me atrevo a escribirte lo que pienso pero no a decírtelo, por si te enfadas, y esto no puede ser. Me has prometido que no volverá a pasar, ayer cuando te ibas lo juraste. Espero que sea cierto, por nosotros, lo espero. ~del libro: Algún amor que no mate.